De vez en cuando uno esta en un juye-juye y camino a la oficina compra un café y se lo pega sin pensarlo mucho. Entonces te das un quemón del carajo y te quedas el día entero sin sentir los labios. Como si el dentista te hubiera acabado de anestesiar toda la boca, babeas de lado sin darte ni cuenta, solo te enteras cuando ves los contratos encima de tu escritorio todos mojados o la gente que habla contigo no te mira a los ojos, sino que por alguna extraña razón se enfocan en tu barbilla.
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